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Semana Santa, Carnavales, Verano. Es muy típico que en estas fechas decidamos viajar a algún lado y en la elección de ese destino, es normal que no solo sean destinos diseñados especialmente para turistas como lo puede ser Cancún, Whistler, Tenerife, etc, sino que con mucha frecuencia decidimos ir a visitar ciudades como París, Roma, Bogotá, Buenos Aires, México D.F.,  etc.

Cuando visitamos una ciudad, solemos ir al centro histórico –especialmente en el caso latinoamericano, donde por diseño siempre hay un centro histórico-  y admirar las grandes plazas, los imponentes edificios gubernamentales, las catedrales, iglesias, museos y los monumentos que ofrece la ciudad. Siempre regresamos maravillados de estos viajes y deseando que nuestra ciudad, Caracas, tuviese los mismos atractivos. Pero la verdad es que, guardando las distancias, los tiene.

Esta Semana Santa llego la hora de ir al Centro de Caracas y ver como estaba. El recorrido arrancó en la Galería de Arte Nacional en la Av. México,  donde la entrada es gratuita y tiene 2 pisos de exposiciones y en un espacio bastante amplio, cubriendo las áreas de pintura, escultura, algo de arte cinética y un par de exposiciones temáticas donde para esta ocasión era el terremoto de Caracas de 1812. La Galería fue una grata sorpresa, aunque no se escapa de ser el reflejo del país, al estar a mitad de construcción y tener –aunque no tan marcado- algún tinte político en ciertos espacios.

Llegamos a nuestra próxima parada justo bajando en la estación de Capitolio, donde se encuentra el Palacio de las Academias. La relevancia del palacio se debe a que en él  se encuentran ubicadas las asociaciones intelectuales de más alto rango en el país; entre ellas la Academia Nacional de la Historia, de las Ciencias Sociales o de Medicina. El edificio posee una arquitectura colonial ya que data de tiempos pre-independentistas y entre sus distintas funciones a lo largo de la historia destaca haber sido la sede de la Universidad Central de Venezuela entre otras más. Lamentablemente estaba cerrado al público y no se pudo acceder.

Caminando en dirección a la Plaza Bolivar, nos encontramos con la Asamblea Nacional, sede del poder legislativo, edificio que exhibe una arquitectura imponente, adornada por la conocidísima cúpula dorada que adorna el techo de la edificación.  Construido en tiempos de Guzmán Blanco, conocido como el “Ilustre Americano”, fue otra de las estructuras diseñadas para modernizar y afrancesar  la Caracas de su tiempo. Al igual que en Palacio de las Academias, su acceso está restringido y solo se puede entrar a solicitud de un permiso tramitado en las oficinas de la Asamblea Nacional, en Pajaritos, edificio poco llamativo, a unos cuantos metros del lugar.

Tras pasar por la Asamblea Nacional, paramos por la famosa Plaza Bolívar, con la reconocida figura ecuestre de Simón Bolívar también de tiempos de Guzmán Blanco. A los alrededores de la Plaza, se encuentran El teatro municipal, la sede del Consejo Federal de Gobierno, la Catedral, entre otros. Sin embargo aquí el paréntesis es para destacar el orden y el buen mantenimiento de los sitios públicos. Sorprende la pulcritud del lugar y el orden observados en el casco histórico, donde no encontramos basura ni paredes rayadas. Incluso se aprecia cierta atmósfera de seguridad, de allí a que Ana Cristina (de 14 años) pudiera tranquilamente sacar su cámara y  tomar todas las fotos que quisiera sin mayor preocupación. Quizá fue la semana en que visitamos el lugar (en Semana Santa hay menos gente) pero el hecho es que el centro histórico de la ciudad parecía estar desconectado del resto de la ciudad, en franco descuido, sucia y en manos del hampa. Es de reconocer que el Gobierno del Distrito Capital, independientemente de sus verdaderos intereses, ha hecho una excelente labor de restauración y mantenimiento de los lugares públicos.

Posteriormente nos enrumbamos hacia Miraflores, la sede del poder Ejecutivo. Para ello se reemprendió la marcha en dirección Carmelitas, pasando por el trágicamente recordado, Puente Llaguno. Algunos de los sitios reconocidos que se encuentran en el camino son el Banco Central de Venezuela con su inconfundible arquitectura y también el poco conocido y, debemos admitir,  perdida sede de la vicepresidencia. Un edificio gris, pequeño, que solo parece remarcar su poca trascendencia.

Fue inevitable detenernos en puente Llaguno donde nos detuvimos para recordar, reflexionar y revivir los sucesos que le dieron fama al hasta entonces insignificante puente. Este episodio fue el escenario de uno de los episodios más trascendentales del 11 de Abril, donde unos pistoleros, hoy héroes, dispararon contra la marcha opositora que se dirigía a Miraflores. Rememorando el hecho seguimos adelante.

Finalmente llegamos a un conjunto de edificios, compuesto por dos edificios blancos y una quinta o mansión del otro lado de la calle. A lo lejos sobre una colina, se aprecia otra gran edificación. Es entonces cuando nos surge la interrogante, ¿Cuál es el famoso Palacio de Miraflores? No se escatimó a la hora de preguntar. Una militar nos señaló uno de los edificios blancos, que, curiosamente tenía un letrero que lo identificaba como la comandancia de la brigada presidencial. Ese no podía ser. Después se le preguntó a una funcionaria pública que barría la calle, su descripción fue más inexacta, incluida un señalamiento errático con su mano que parecía indicar que todo incluida ella misma era Miraflores. Finalmente otra persona nos indicó que era la residencia que estaba del otro lado de la calle. Tiene más sentido, si además, se da cuenta de que no se podía transitar por ese lado de la acera y había un pequeño comando a la entrada del lugar. El edificio de la colina era entonces el famoso Museo Militar, donde algún valiente teniente coronel se escondió alguna vez.

El Palacio como tal destaca por su simpleza. Honestamente no es nada del otro mundo. Se han visto en la ciudad sendas mansiones que sorprenden más que la misma Miraflores. Es en esencia, sencilla, con tejado rojo y paredes de color amarillo-beige. Lamentablemente no fue posible acercarse a apreciarla un poco más, sin embargo a primera vista destaca por su vulnerabilidad. Toda una sección del Palacio da a la calle, sin muros, sin protecciones. Fue inevitable la comparación con La Casona, que se resguarda entre muros y puestos de vigilancia, lo que la hace digna de su status presidencial.

No sorprende que así como se encuentra el Palacio de Miraflores, en el pasado haya sido asaltada y atacada tan fácilmente, provocando que el entonces presidente Pérez huyera del lugar para que no fuera capturado o asesinado. En resumen un Palacio sencillo, agradable a la vista pero que no transmite majestuosidad o grandeza en su más de un siglo en el que viene sirviendo como residencia presidencial, desde que el entonces presidente Cipriano Castro, después de que  un terremoto que azotó a Caracas lo forzó a lanzarse del balcón de la Casa Amarilla (antigua sede de la presidencia), lo empezara a emplear como la nueva residencial presidencial.

Para terminar el recorrido, nos paseamos por las Torres del Silencio, la Plaza Diego Irribarra, la Iglesia de Santa Teresa y la Plaza O’Leary. Todos estos lugares estaban en excelente estado y contamos con la suerte de ver una multitud de gente vestida de morado para la procesión de Nazareno de San Pablo, celebrándose ese día.

Al final del día, el Centro de Caracas es una excelente alternativa para disfrutar de aquellas cosas que maravillamos de las grandes metrópolis alrededor del mundo, a la vuelta de la esquina, aquí en Caracas. A veces es bueno conocer un poco de casa antes de salir a conocer afuera.

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