Miércoles en la noche. En la mañana había presentado un examen así que
la noche estaba libre pero la verdad no abundaban las ganas de salir
por el cansancio.

En la “resi” llega una invitación para ir a un club (pronunciado clab por los españoles)
latino. Un club latino en Londres es una de esas cosas pintorescas y
random que uno no se quiere perder!

Al llegar al lugar me asomo y veo el nombre “Doña Floridita” en un
edificio. El cliché en su máximo esplendor.
Al llegar a la entrada -clásico- una foto con 4 indios y negritos
tocando cuatro….no podía ser de otra manera. En la recepción 2
señores con rasgos que evidenciaban procedencia de Bolivia o Perú.

Para entrar, una amiga española comienza a hablarle en ingles al
boliviano aunque todos los presentes sabíamos que todos hablábamos
español y este se puso bruto por puro rechazo. Mi amiga llama a su
contacto (un promotor) -Alex- para resolver el tema de la entrada.
Llega Alex, un morenito papeado de 1.60m con la camisa abierta hasta
el pecho, ambos orejas con brillantes y las cerdas del cepillo
marcadas en el cabello, a resolver el problema hablando con el
boliviano. En medio de la negociación escucho la palabra flaco y, con
las sospechas que me traía ya toda la pinta que tenía Alex, concluyo
que tenía que ser venezolano. Efectivamente era venezolano.

Al bajar al local, quedo impresionado por aquel pintoresco espectáculo
donde por una parte observaba un grupo de europeos, lógicamente altos,
rubios, de ojos claros y sin ninguna idea de cómo se bailaban aquellos
ritmos para ellos desconocidos; pero disfrutándolo como pocos. Al
voltear veía un nutrido grupo de latinos de diversos países:
Colombia, Ecuador, Venezuela, Panamá…. Con una muestra bastante
representativa de la “generación Y” (Yuleisy, Yomaira,etc) que lograron progresar y mejorar su situación respecto a la que tenían en su país de origen.
Al verlos, era como ver un rincón de Latinoamérica (digamos “El Maní”)
en la lluviosa y refinada Londres.
Después de divertirme al ver lo pintoresco de la pista de baile, veo
un grupo de orientales y rusos sentados disfrutando de su buen vodka y
con una actitud -al menos para el lugar donde estaban-  un tanto
sospechosa.

Esto es Londres, el lugar donde Eslovenia y Cali se unen bajo un son;
un lugar donde la nacionalidad es lo de menos y siempre puedes
encontrar un rincón del mundo entre las calles ordenadas y la lluvia
londinense. Doña Floridita es solo una de las cientos de caras que
Londres tiene para ofrecer…