Tags

, , , , , , , ,


Listos! 5 a.m. ya saliendo de la casa (en Caracas) vía Puerto La Cruz para tomar un Ferry a Margarita con la familia. El recorrido a Pto. La Cruz debería tomar aproximadamente 4 horas pero en Venezuela todo puede pasar, donde 4 horas se pueden transformar en 8 o 12 sin uno esperarlo.

Tras habernos encontrado con una camión que había chocado contra el puente de Los Ruices –clásico-  y con que la autopista hacía Higuerote estaba parcialmente cerrada – ¿alguna vez está abierta?-  seguimos nuestro camino por la muy bonita carretera a Oriente, cuando nos encontramos con un tráfico absolutamente parado en el medio de la nada.

El primer pensamiento que me viene, viviendo en un país subdesarrollado, es que tiene que ser uno de esos creadores innecesarios de colas llamados “puntos de control” también conocidos como alcabalas. No queda otra opción más que respirar profundo y aguantarse la cola. 8 a.m., aumenta el retraso y los nervios.

Pasan 5 minutos y la gente se empieza a bajar de los carros. En un país tan inseguro como el nuestro, eso no puede significar nada bueno, la cosa iba para rato. Al preguntar qué pasaba, la respuesta que me dan es que hay una manifestación en Machurucuto por el estado de las vías. Uno, acostumbrado a este tipo de cosas y sabiendo que podían pasar, se resigna y se baja del carro a esperar que levanten la huelga. Todo el mundo está afuera de sus carros asomándose a ver qué pasa, no aparece la policía, motos van y vienen y nadie entiende nada.

Naturalmente, uno empieza a conversar con la gente de los carros vecinos y empieza la queja de los abusadores que se están coleando por el otro canal. Mi madre empieza a gritar a los carros que pasan “abusadores”, otras personas hacen el gesto “no si ‘ta ien” (entiéndase como el gesto de los motorizados con su brazo cuando uno se cambia de canal y ellos casi se te llevan por enfrente) , yo decido ponerme en medio de la vía y parar a los carros para explicarles que hay tremenda tranca y pedirle que no se coleen (lo cual probo ser medianamente exitoso) y, después de pocos minutos, la indignación se transforma en acción y empiezan camiones y carros a cerrarle paso a los abusadores.

10 a.m. y todo sigue igual. Pasaron algunos policías pero no hay efecto. El sol pega muy fuerte y el calor asfixia. Inútilmente intento hablar con una persona que me encontré de transito, quién le echa la culpa de las vías a las gobernaciones y alcaldías sin recordar que es responsabilidad –por una de las nuevas leyes- del ministerio. Más intentos de coleo y los ánimos se caldean y se arma una especie de “organización anti-coleo” donde los conductores impiden que los otros se coleen. Se bautiza la acción como “la protesta a la protesta”. Me imagino que así se formarán los gobiernos: gente con intereses comunes trabajan en pro de su objetivo y eventualmente eligen un líder.

Increíblemente la gente de la cola pasa de un estado de incredulidad al darse cuenta que la cosa va para rato y que no llegarán a su destino a la hora a un estado de molestia, para llegar a la resignación de que no queda nada por hacer y automáticamente el ambiente se transforma en una guachafa. La gente acepta su entorno y comienzan las birras, las amistades y los cuentos. No sé si simplemente es como somos o que hemos aceptado ya que no podemos luchar contra algo más fuerte que nosotros. El arma más fuerte del subdesarrollo, el conformismo, se hacía presente en el aire…

En este ambiente tan caótico, no podía faltar naturalmente la chispa emprendedora del venezolano donde no llevaba media hora la tranca y ya se podían comprar agua, cervezas, chupi-chupi, helados y comida a los buhoneros, esta vez en moto. Llega siempre el punto donde durante la tranca, tras haberse metido con el gobierno y todos despotricar contra él, se forman las amistades y nadie le empieza a dar mayor importancia a la tranca, simplemente, como la luz que se va o el canal que nos quitan, la aceptamos.

Llegó el mediodía y el sol en su máximo esplendor no perdonaba. No aguanté más y decidí ir con mi hermano al lugar donde estaban trancando a averiguar un poco más que pasaba, saber si abrirían el paso y, de paso, ver si se podía hacer algo para pasar. Cuando llegamos al lugar, nos encontramos con unos cuantos buhoneros y no más de 40 personas manifestando con unos cauchos que impedían el paso.

Al preguntar cuál era la causa de la protesta me informan que es por solo 7 kilómetros de vía hacia que no han sido asfaltados tras dos promesas del ministerio (en 1 año). ¿7 Kilómetros de asfaltado son lo que tienen la principal vía a Oriente trancada? Mi asombro es mayúsculo. Claro que la población está en todo su derecho a protestar. Al hablar con los líderes de la comunidad, todo el problema era que nadie los escuchaba y que no podían hacer la denuncia.

Después de varios días de protestas y algunas apariciones en medios, llega en una moto un señor con su chaqueta y camisa roja diciendo que venía en nombre del viceministro. Y como buena revolución – protestan y cuando logran lo que reclaman no saben qué hacer – la gente se calmo y no había ni liderazgo ni acciones concretas hasta algunos minutos después. Inmediatamente empieza el funcionario a hacer las mismas promesas que la vez anterior y la gente se lo va creyendo. No puedo evitarlo y empiezo a hablar –debajito de la mesa- con los líderes comunitarios para que grabaran al funcionario declarando y lo hicieran firmar su compromiso. Al final terminarían obligando al funcionario a quedarse hasta el Lunes que llegarán las maquinas…

En fin, otra breve historia más de subdesarrollo donde no dejan de impresionar cosas como que los propios que evitaban que la gente se colearan fueron los primeros en colearse cuando abrieran paso o como al llamar al 171 para ver si se podían acercarse policías para asegurar que no nos atracaran en la cola (lastimosamente un insólito pensamiento que ya no es descabellado) te responden que “no hay unidades disponibles, póngase a rezar señora”. El subdesarrollo cada vez es mayor y a medida que más lo aceptamos y más nos adaptamos, vamos perdiendo la perspectiva de cómo deberían ser las cosas y nos hundimos más.