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Atlas Shrugged, escrito por Ayn Rand, es quizá la novela que expone los principios y valores con los que más me identifico. Pero antes de seguir hablando de Atlas, comentaré muy brevemente de que trata, lo cual en Venezuela es sumamente sencillo pues pareciera estar pasando.
Imagínate (o mira a tu alrededor, como prefieras) que la gente con “poder” y “autoridad” comienza a criminalizar a la gente que es rica, esto se ha hecho por varios siglos por una simple razón : que son ricos. Más allá, resulta que hay que atacar la riqueza por ser la causa de la pobreza y a los ricos por no existir “una distribución igualitaria de la riqueza”. Deben existir leyes que, de alguna manera, hagan a los ricos pagar por su pecados y hay que beneficiar a los pobres, quienes no tienen con que, por culpa de la “explotación”. Eso ha sido un argumento histórico bastante conocido en Europa, desde hace varios siglos, y en América Latina en el siglo XX (con algunas excepciones, algunos países en el siglo XXI).Pero la criminalización ya pasa de un argumento al estilo de Robin Hood a algo mucho más dañino: se criminaliza a los hombres capaces de crear, de innovar, de generar riqueza. En la novela se expone como poco a poco el Gobierno va imponiendo cada vez más controles y restricciones a lo que Ayn Rand llama “the men of mind” o, en una traducción algo feliz, los hombres de razón. A lo largo de la novela, los productores, emprendedores e inventores son obligados a pagar altos impuestos y a tener que seguir una cantidad de controles impuestos por organizaciones gubernamentales (al más puro estilo CADIVI) que lo van regulando todo, incluso a quien pueden vender o cuánto pueden producir.
Poco a poco surge una revolución, la revolución de “los hombres de razón”, quienes deciden declararse en huelga y rechazar inventar o trabajar para que no puedan ser dueños de su propia riqueza. Es así como empieza la fuga masiva de cerebros hacía Atlantis, una tierra libre donde cada hombre es dueño de lo que produce y vive para la búsqueda de su propia felicidad.A medida que pasa el tiempo, las grandes ciudades se van desmoronando y la producción se ve severamente afectada, los trenes empiezan a fallar, los aviones a caerse, la escasez a la orden del día… en fin, la economía del país se viene abajo mientras el gobierno va controlando cada vez más y creando nuevos planes y acciones para “el beneficio público”.

Leyendo este libro, los paralelismos con Venezuela fueron inevitables, con reflexiones tan deprimentes como que del grupo con el que me gradué del colegio más de la mitad se han ido fuera del país huyendo de la inseguridad, los controles, persecuciones o simplemente buscando un lugar donde tengan libertad y su progreso dependa meramente de ellos. Según un reporte de la BBC en 2007, más de un millón de Venezolanos se han ido desde que comenzó “la revolución” y cada vez se hace más y más difícil emprender en Venezuela por el inmenso control gubernamental, las expropiaciones, control cambiario y miles de medidas que en vez de impulsar a quienes son el motor de la sociedad, los emprendedores, los asfixian.

La eficiencia es criminalizada, pero sobre todo, el talento y las ilusiones son arrinconados y llevados a una serie de impedimentos legales, sociales o económicos que llevan a una inevitable fuga de talento. Lo “moralmente correcto” deja de ser buscar la propia felicidad de sí mismo, se centra en “ayudar a nuestros hermanos”. Trabajar por tu propio bienestar deja de ser algo válido porque es “egoísta” y no es “para el bien del pueblo”.

En Atlas, los hombres de razón se van a fundar Atlantis, un lugar donde cada hombre trabaja por su propio bien y su propia felicidad, causando así la felicidad de quienes lo rodean. Los hombres de pensamiento son la expresión de progreso, porque su objetivo -aunque sea “individualista- , logra un beneficio global pues todos nos aprovechamos de los avances que puedan tener los emprendedores, los visionarios, aquellos que simplifican los procesos y que transforman cosas que creíamos imposibles en realidades tangibles.  Hombres con una voluntad de hierro, visión privilegiada, creyentes de cambio y sobretodo, de superación constante.

Atlantis, el lugar donde cada quién es dueño de su esfuerzo y su trabajo, donde no hay imposiciones sino acuerdos mutuos por un mismo objetivo: mutuo beneficio.
Mi pregunta es, con tanta gente que se ha ido y la destrucción que hemos sufrido a nivel de mentalidad y producción, encontraremos Atlantis, aquí en Venezuela?