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Empecé este blog justamente con un post de Cadivi y en general he intentado que no sirva sólo para ser un espacio de catarsis y de quejas. Pero hoy CADIVI ha logrado llevarme a un nuevo punto de asombro, indignación y odio, un profundo odio.

La simple existencia de CADIVI ya me molesta. Que en algún momento haya sido necesario, solo significa que hay mucha gente que no quiere su dinero aquí. Eso nunca puede ser bueno.

Pero mis compatriotas de la Comisión de Administración de Divisas no se conforman con pedir una cantidad absurda de documentos para recibir unos dólares limitados y asegurarse de recordarle a uno el viaje y en que se gastó su dinero con las infinitas facturas, declaraciones juradas etc que hay que tener. Esta vez  aventuraron un poco más allá. Niegan una solicitud de estudiante por exigir que la universidad de Harvard envié una carta donde –obviamente no basta con las firmas digitalizadas- este el sello húmedo de la conferencia a la cual asistiré.  Esto dentro del ya irracional y absurdo plano de Cadivi puede sonar medianamente lógico.

Entre los otros requerimientos para reconsideración (o como rayos se le nombre) también piden acreditación de la UCAB porque dudan del sello húmedo que recibí de la propia universidad. Nuevamente introducir cartas, credenciales, etc con EL MISMO sello con el que introduje las cosas hace un par de semanas. Evidentemente siguen los requerimientos y ahora se piden estados de cuentas etc para probar que hay con que pagar lo que se pide. Señores CADIVI…eso no es problema del banco?

En fin, entre la primera solicitud donde se introducen 28 páginas de documentos y requerimientos para tener acceso a unas divisas – lo cual no debería estar restringido – se le suman 17 páginas de documentos adicionales. En total 28 + 17 = 45 páginas botadas entre burocracia para que algún funcionario vea a ver si le da la gana escuchar a las suplicas para mendigar unos dólares a 4.30Bs. Multiplicamos por 3 y son más de 135 páginas (no olvidemos las estupideces como etiquetas y copias fallidas), mucho dinero en tinta, scanners, cybers, etc pero sobre todo mucho tiempo desperdiciado para tener acceso a algo que no debería estar restringido: libre conversión.

Ya es absurdo que el gobierno tenga que saber a dónde vas, en que gastas el dinero, decidir cuánto deberías y puedes gastar dependiendo del destino y tiempo, y decidir si puedes o no gastar el dinero. Pero esta manera de desperdiciar recursos y tiempo es algo ya sumamente absurdo. Bote todo el día de hoy nada más en cumplir con los infinitos requerimientos de CADIVI en el marco del sector bancario, que no es precisamente famoso por su eficiencia en atención al cliente.

CADIVI, ya son demasiados años que nos tienes mendigando y robándonos tiempo que pudiese ser productivo. Sinceramente, te odio. Tu existencia solo puede ser reflejo de un fracaso en políticas públicas que se prolonga.