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La “justicia” de Hitler: el pasado que Alemania no puede dejar atrás

Una de las frases que más repetimos de pequeños, sobretodo creciendo en una familia con hermanos, es decirle a nuestros padres cuando algo no nos gusta: “¡Eso no me parece justo!”. De esto lo primero que uno concluye es que una de las nociones que siempre tenemos dentro de nosotros, y que nos enseñan desde pequeños, es la noción de justicia. Pero creo que es valedero preguntarse entonces: ¿Qué es lo verdaderamente justo?, ¿Estamos todos realmente conscientes del concepto de justicia?, ¿Todos consideramos como “justas” las mismas cosas?

Si tuviésemos que debatir acerca de la Justicia, un estudiante promedio de derecho instantáneamente repetiría la definición de Ulpiano, donde Justicia es: “la constante y perpetua voluntad de darle a cada quien lo que le corresponde”. Platón la apreciaba como armonía social, donde los más justos y sabios gobiernen; Aristóteles como la igualdad proporcional, le corresponde a cada quien en la medida de su contribución a la sociedad; para los utilitaristas, lo que beneficia al mayor número de personas a la vez; por mencionar algunas. Pero, ¿Realmente se puede afirmar si alguno poseía o posee el concepto determinante y definitivo de justicia? La respuesta a esta pregunta siempre será negativa.

Como todos los aspectos etéreos, que no pueden ser palpados y no pueden ser definitivamente demostrados como una ciencia exacta, sino sometidos a la interpretación de los hombres, tales como lo son la religión, la filosofía y la moral, poseen diferentes interpretaciones, significados y relevancias. Sus interpretaciones varían dependiendo de la realidad político-histórico-cultural de la persona que se encuentra interpretando el texto en particular, por lo que me refiero a mi primer punto de esta exposición que es: la Manipulación de la Moralidad.

La moral es “un conjunto de facultades del espíritu” que son demostradas a través de la conducta. Al mencionar el espíritu, usualmente se encuentra relacionado a la religión que se profese, debido que cada religión, aún cuando consigamos puntos en común entre ellas, tienen diferentes apreciaciones hacia la conducta de los seres humanos. Por tanto, la moral y la justicia van de la mano, donde lo justo es considerado como moral y la moralidad como fundamento para la justicia. Son conceptos que no pueden ser separados, pero que siempre se encuentran sujetos a interpretaciones de los individuos.

Uno de los aspectos fundamentales para mantener la parafernalia Nazi (y la Bolivariana) andando recae en hacer juicios de valor moral, cuestionando acerca de si nuestras conductas recaen en lo moralmente correcto o no y, consecuentemente, a una concepción de justicia en la sociedad. Es en este debate ideológico, teórico y filosófico donde se enfrascan los totalitarismos: determinan una serie de fines que la Nación quiere lograr, poco a poco poniendo la justicia al servicio de los intereses políticos. Esto tiene como consecuencia el segundo punto a tratar: La Manipulación de las normas jurídicas, las libertades y los derechos de los ciudadanos.

Para poder cometer los fines del Estado, es necesario, además de la reestructuración de los preceptos morales y de justicia, es decir, el fundamento filosófico del Estado, un ordenamiento jurídico que respalde todos los medios de control que requiere el Estado para llegar a esos fines. Como consecuencia de esto, se pueden tipificar como delitos o crímenes conductas que en un Estado que persiga el bien común o los fines de la sociedad, y no beneficiarse a sí mismo o a su figura de poder, no estarían establecidos como tal. Un ejemplo claro de esto en la Alemania Nazi fueron las leyes discriminatorias contra los judíos, gitanos y negros.

También, es una consecuencia necesaria, que los miembros del aparato judicial estén en línea o respetando los fines que quiere alcanzar al Estado, pudiendo llegar a puntos extremos donde los jueces se encuentran a merced de un superior y no existe un verdadero aparato judicial que garantice una decisión desligada de una carga ideológica, más allá del bagaje de normas que se han modificado para justificar este nuevo sistema. Estos se convierten en armas y verdugos que condenan a la sociedad.

Para ejemplificar un tanto más acerca de este aspecto, Carl Schmitt en Alemania lo expuso de la siguiente manera: “La totalidad del derecho alemán hoy en día… debe regirse solo y exclusivamente por el espíritu del nacionalsocialismo…Cada interpretación debe ser una interpretación según el nacionalsocialismo”. Mismo caso en Venezuela, Luisa Estela Morales justifica que las decisiones judiciales “responden a un fin ideológico claramente establecido” y también que “deben aplicar severamente las leyes para sancionar conductas o reconducir causas que vayan en desmedro de la construcción del Socialismo Bolivariano y Democrático“. Los fines del Estado se vuelven los fines de la sociedad, en lugar de suceder de forma contraria.

Un punto importante a considerar en el aspecto jurídico recae en la constante creación y modificación de leyes. Dado que, al ser un Estado guiado por un fundamento filosófico que se renueva constantemente, el ordenamiento debe ser modificado al mismo ritmo. Tal como el Magistrado Vegas del Tribunal Supremo de Justicia estableció: “Leyes que se aprobaron un día al día siguiente puede no ser justa porque las circunstancias que la propiciaron ya no son las mismas”. Si bien, sigue tiene cierta lógica dentro de los principios generales del derecho, crea una incertidumbre jurídica de tal magnitud que no se sabe cómo interpretar las normas, ni cual está vigente y se opta por seguir la voz de mando del superior en lugar de una norma jurídica clara y precisa.

                Es toda esta justificación legal y de incertidumbre de Derecho que me lleva al último punto de la presente exposición: Los medios de represión social. Características en común de este tipo de regímenes es la poca oposición que suele presentársele a los mismos o ninguna oposición lo suficientemente fuerte como para causar una revuelta social con fuerte asidero, donde reina el miedo, se idealiza el líder y se coloca bajo la luz de lo incorruptible. Gran parte de esto es consecuencia de la falta de información, al restringirse libertades como la de expresión, donde quien considere una característica negativa de cualquiera de las actuaciones del Estado, está inmediatamente actuando en contra del mismo, y a su vez de sus fines.

Todo esto surge dada la tergiversación de los principios y criterios del derecho, dándole a los mismos una interpretación extensiva, y en ocasiones analógicas con otras realidades y/o creencias, para darle un sustento filosófico, moral y de derecho a dichas aberraciones. Estos mensajes tergiversados debían penetrar todos los niveles, desde la educación elemental, hasta los más alto niveles del Estado, donde mientras más se pueda escalar en la sociedad, más conocedor y fiel creyente debe ser la persona.

Se forma una red comunicacional de las bondades del régimen que crea contradicciones en los valores y principios bajo los cuales la persona se regía. Es este debate interno una de las formas de represión más severas que poseen estos regímenes, dado que no ejercen ninguna acción más allá del debate de sus propias consciencias versus la nueva ideología nacional. La forma en la cual va surgiendo del plano de lo moral al de la acción, siempre comienza por el aparato Legislativo, el Reichstag y la Asamblea Nacional, luego pasa a las cortes y tribunales y finalmente reprimiendo directamente al pueblo a través de mandatos institucionales.

Ahora bien, donde en teoría el Estado debe velar por el bien de la generalidad de la población, pero no se persigue ni el bien del Estado, ni el bien del pueblo, entonces es prudente preguntarse: ¿Cuál es el bien que se está persiguiendo? La sed, obsesión, afán desmesurado del individuo que ejerce el poder de permanecer en el poder. Consecuencias de la ambición de poder de un individuo, de su ego, de vanagloriarse en su grandeza. En palabras de Simón Bolívar: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”.

El paralelismo entre la “Alemania Nazi” y la “Venezuela Bolivariana” se observa entremezclada en las líneas anteriores, donde asombra a cualquiera que vive la realidad Venezolana, que tales sean las reglas de juego actualmente en nuestro país. Parece insólito pensar que la Alemania de la primera mitad del siglo XX, pueda parecer un reflejo de la Venezuela del siglo XXI. La triste realidad, es que así lo es.