Este post es fruto de una de esas acostumbradas colas que nos llevan a reflexionar, leer, insultar, desesperarnos o cantar toda la discografía de nuestros artistas favoritos. El día de hoy, toco la escritura.

Después de una semana con sendos tiroteos en la cárcel de La Planta y dentro -sí, dentro del vagón- en el metro de Chacao que llevaron a causar varias horas perdidas en cola, eventualmente me pregunte: cómo es que un video de unos chamos diciendo que se quieren ir del país tiene tanta relevancia mientras que estos 2 sucesos previos parecieran ser algo normal. Algo definitivamente anda mal. Esta frívola conclusión me llega a cuestionarme sobre muchas decisiones que tomamos los caraqueños, nuestros intereses, prioridades, actitudes, decisiones y entorno.

No suena lógico esto pero hay verdaderamente una lógica que buscar? Impresiona esto en un país que ha votado repetidas veces para “fortalecer la democracia” por un candidato que tuvo -y quizá sigue teniendo- como principal objetivo la destrucción del sistema (4F 1992)? Impresiona en un país donde el fundador de uno de los partidos democráticos y las instituciones democráticas decide ir en todo lo que ayudó a fundar solo por obtener poder (1994)? Impresiona en un país donde una de las consideradas mentes más brillantes en nuestra historia (Arturo Uslar Pietri) busca justificar las razones para las motivaciones de asesinatos y violencia?  Impresiona en un país donde se dice que “el petróleo es el excremento del diablo” (Perez Alfonso) pero se participa fundando la OPEP? Impresiona esto en un país donde se dice que no hay para comer pero si hay para beber alcohol?

No sé ustedes, pero nuestras incoherencias -o será que uno está loco?- no son algo nuevo, viene desde muy atrás y quizá en estos años lo que ha hecho es simplemente acrecentarse. También es cierto un viejo slogan de este gobierno que dice “lo extraordinario se hace cotidiano”; cosas que en otros lugares o en otros tiempos serian alarmantes, aquí lo tratamos como solo “una noticia más”. Leer el periódico o escuchar la radio cada vez más se siente más como escuchar una novela de Marquez que las noticias de un país que lucha por ganarle la carrera al subdesarrollo.

En fin, la coherencia es tan preciada como escasa.