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Días después del 7-O, y por esta misma vía, realicé una serie de apreciaciones respecto a aquella jornada electoral. Hoy quiero centrarme en los comicios de gobernadores realizados el domingo16-D. Algunas lecturas hice sobre el proceso en mi cuenta de twitter @Marcus_Camus. Lo que pretendo aquí es expandir un poco más esas apreciaciones y agregar otro tanto.

En fin, el resultado fue otra apabullante derrota para la oposición. Se perdieron estados claves y simbólicos como Carabobo, Táchira y Zulia y apenas se pudieron retener 3, dos importantes, Lara y Miranda (quizá esta sobre cualquier otro) y Amazonas. Para el momento de esta nota se está luchando Bolívar donde al parecer ganó Andrés Velásquez. En fin ¿que si me sorprendió el resultado? No niego que me es muy deprimente pero lo veía venir aunque no esperaba que se perdiera tan feo, algo así como lo que sucedió el 7-O. Desde la derrota de las presidenciales era visible que el efecto Chávez lograría mermar a las fuerzas regionales opositoras. ¿Qué pasó entonces?

Bueno la primera razón que atribuyo para este descalabro son dos factores que, combinados, hacen al PSUV un partido imbatible. El primer factor se llama Hugo Chávez. Es ese ser “místico, profético” que por más de 14 años ha apelado al lado más sentimental y menos racional del venezolano y ha logrado que lo veneren como un ídolo religioso. Pues bien el comandante ahora más que nunca necesitaba de su gente y el slogan de los candidatos del PSUV fue básicamente “Vota, no por mí sino por Chávez y dale el mejor regalo posible”. En resumen los candidatos de la tolda roja utilizaron la situación actual del presidente para llamar a votar a sus seguidores. El otro factor se llama petróleo. El estado venezolano está sustentado sobre eso y en un país donde el clientelismo y la lealtad están sobre las leyes, el petróleo está en manos de los poderosos. De allí que el PSUV cuente con una fuente ilimitada de recursos para financiar sus mega campañas, cualquier cosa pregúntenle a Elías Jaua. Esos dos factores combinados han hecho que bajo las circunstancias actuales ganarle numéricamente al PSUV en algo sea muy difícil. Las legislativas del 2010 son una excepción a la regla pero ya ven, siempre tienen un as bajo la manga para que incluso perdiendo ganen y sean mayoría.

El segundo punto para el descalabro electoral se lo atribuyo a la abstención. La misma fue grande en ambos bandos y rondó en general el 50%. Aquí es cuando la maquinaria del PSUV salva la patria para su gente. Ellos como fuera remolcaron a la gente necesaria para ganar. La oposición no posee maquinaria electoral como tal. Solo pueden apelar al llamado de su gente y a movilizaciones de masas muy inferiores en alcance que las del PSUV. Por ello, su público es más espontáneo y sujeto a estados de ánimo. En todo caso aquellos que siguen la lógica de no participar no sé qué es lo que buscan. Su lógica es, “todo es un fraude y por eso ¿de qué vale votar?” Claro pero de esa manera el régimen chavista jamás caerá, al contrario se le darán más espacios para sus planes. Si el abstencionista propusiera una alternativa para alcanzar el poder, así fuera violenta aunque no la compartiría, por lo menos justificarían su posición.

Algunos podrán atribuirle la culpa a la oposición por no haberse esforzado lo suficiente para movilizar gente a votar. Para mí esto ya está más allá de políticos o comandos, la culpa es de la gente. Joder, si todavía no han comprendido que esto es una batalla larga y constante y que cada elección es un reto entonces no sé en qué país viven. Que a estas alturas alguien necesite que lo movilicen para votar me parece una incoherencia. Por ello a todos aquellos que no votaron porque no quisieron pues espero que disfruten mucho del rancho de país que tenemos… después de todo, indirectamente votaron por esa realidad.

Finalmente hay otro factor. El de los liderazgos regionales. No soy de los que piensan que de manera absoluta se necesitan “nuevos liderazgos”. En casos concretos sí. Por ejemplo en Carabobo y Nueva Esparta, pero más en la primera. Unos señores que llevan gobernando desde que hay elecciones regionales (1989) no le hacen ningún servicio a la democracia que queremos y ocasionan que uno de los principios democráticos más importantes, la alterabilidad en el cargo por periodos limitados, sea olvidada (de hecho considero a este principio como uno de mayor importancia para la democracia que el simple hecho de votar) . Es decir señores no se puede criticar a Chávez cuando en la oposición tenemos figuras políticas que desean gobernar sus regiones de por vida. Mi opinión es que en el caso de Venezuela la reelección de cualquier tipo es un cáncer y más en nuestra época donde todo el mundo puede optar todas las veces que quiera a un cargo y reelegirse indefinidamente. Por ello era previsible la caída de Carabobo y Nueva Esparta, la gente se cansó de ellos. En cuanto al resto de los candidatos, ellos SON los liderazgos que la gente opositora quiso porque salieron de unas primarias. Elección más democrática de liderazgo no hay.En todo caso serían sólo cuestionables los líderazgos de los candidatos no electos por primarias y ratificados por ser gobernadores

Para finalizar, y haciendo referencia a mí anterior artículo para aquellos que lo leyeron, los resultados arrojaron una mayoría abrumadora de gobernadores militares. Un signo más, a mi juicio, de que el personalismo militarista caudillista tiene más cabida en el inconsciente venezolano que la democracia y la despersonalización del poder.

Por ahora el panorama luce bastante desalentador, solo me alegro de que estas elecciones ratifican más a Henrique Capriles como líder indiscutible de la oposición y a Henri Falcón como su segundo, el resto de los liderazgos con posibilidades de retar a Capriles fueron barridos en estas elecciones. Ante unas posibles elecciones presidenciales pronto creo que las probabilidades de que se pierdan nuevamente con Capriles como candidato son muy altas. Por lo que el PSUV puede pensar en transiciones, si se da el caso, sin mucha presión de la oposición y con más tranquilidad.

Estás elecciones fueron una victoria contundente y redonde del PSUV, más alla de las 20 gobernaciones.