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Plan de Barranquila

Para escribir sobre el pensamiento ideológico-político democrático venezolano, adoptare la visión de continuidad, por lo que se entiende como un proceso en constante cambio y adaptación. Este proceso no es puramente endógeno y ajeno a los cambios mundiales que han sucedido desde comienzos del siglo XIX hasta nuestros días y debemos entender las interacciones con el resto del mundo y su influencia en nuestro pensamiento si vemos la historia en un tiempo largo y continuo.

De la revolución francesa,  vemos su impronta en la concepción de su lucha contra el absolutismo y la negación de clases fuera de la élite española de ejercer cargo público de relevancia y por ello de gozar de poder político. Con la instauración de la república nuestro pensamiento comienza, lentamente, a avanzar en sus concepciones liberales y políticas, reflejado, entre otras cosas por la búsqueda de migrar de la concepción de un pueblo de súbditos a uno de ciudadanos. Es así como se comienza a fomentar un pensamiento orientado hacia la democracia en nuestra sociedad, íntimamente ligado a las libertades individuales y el otorgamiento y ejercicio de derechos civiles y políticos.

Este pensamiento “democrático” fue avanzando en el otorgamiento de libertades individuales y la igualdad entre los individuos, como reflejado en la constitución de los Estados Unidos de Venezuela para 1864, si bien después se sumergiera en sus formas de gobierno bajo un férreo autoritarismo y despotismo, con el positivismo como bandera ideológica. Sin embargo, la sociedad venezolana nunca perdió el impulso democrático y, aún en la clandestinidad y el exilio, se gestaba la formación de movimientos promotores de la democracia.

Para la década de 1930, Venezuela comenzaría a gestar su avance más importante en términos democráticos desde 1864 y que lo lograría con la revolución de Octubre de 1945. En el Plan de Barranquilla se refleja la clara

influencia ejercida por la revolución soviética, con un claro enfoque de levantamiento de las masas contra un régimen autoritario en búsqueda de un gobierno de civiles que reivindicará los derechos del “proletariado” y que pudiese garantizar sus libertades. El pensamiento político venezolano se mantendría divido por varios años entre un autoritarismo militar modernizador y un importante grupo dentro de la sociedad que buscó lograr formar un gobierno regido por civiles con el bienestar social como principal objetivo.

Comenzando la década de 1940, en un mundo en guerra, comienzan a contraponerse las visiones de las grandes potencias. Momentos de grandes discursos y batallas, inculso en Venezuela, donde finalmente romperíamos una larga cadena autoritaria con la revolución democrática. Nuestro primer gobierno civil rompió una larga cadena autoritaria (y absolutista?), de represión y miedo;  con una visión enmarcada en la garantía de libertades civiles y políticas y el servicio de un pueblo hasta entonces olvidado. Después de la interrupción dictatorial de Perez Jimenez, nuestra democracia siempre tuvo como objetivo garantizar las libertades individuales y contribuir al desarrollo, lo mismo que expresase Roosvelt en su Doctrina de las 4 Libertades. Justamente la filosofía de la libertad y desarrollo – como expuesto también en la carta del atlántico-   contagiaría el pensamiento político venezolano en su política extranjera y consolidaría la migración de un pensamiento acercado al marxista a uno social demócrata ejemplar para Latinoamérica por varias décadas…