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Por Marcus Golding (@Marcus_Camus)

La historia de Venezuela ha pasado por grandes cambios desde que somos República. Con el paso del tiempo los distintos caudillos de turno, hasta incluso dirigentes de la democracia, han contribuido a tergiversarla, conscientemente o por producto de la ignorancia. En todo caso esa tergiversación ha generado, en mi opinión, una deformación en la conciencia histórica del venezolano. Cualquiera puede examinarse y se dará cuenta que lo que aprendió sobre la historia de su país fue que los militares, y principalmente entre ellos Simón Bolívar, son los máximos héroes de la República. El resto son considerados un “pocote” de tiranuelos de segunda y civiles que para poco sirvieron.

“La IV República” es el ejemplo más claro y cercano. AD y Copei, partidos civiles de una democracia civil, se robaron todo, ello parece resumir ese periodo.  En todo caso lo que me interesa resaltar en este momento es una cuestión que nos ha sido ocultada y que hoy por hoy el venezolano común no concebiría y hasta le costaría creer. Tiene que ver con la génesis misma de nuestra sociedad.

Lo que actualmente es la sociedad venezolana republicana, en sus orígenes, y como parte de su existencia hasta la independencia, fue monárquica. “¿Qué? No lo creo”, se podrá formular ante esta aseveración. Pero la verdad es esa, éramos españoles de Venezuela, teníamos un Rey y una serie de instituciones propias de la Monarquía. Y no es solo ese hecho, sino que estábamos, además, muy contentos con ese régimen. 

Un grupúsculo, que le costó convencernos a costa de una guerra sangrienta, inició una verdadera labor de reingeniería social para transformar al súbdito en un ciudadano. Proceso en el que todavía estamos y que explica en gran medida nuestra accidentada vida republicana. Nuestra guerra de independencia fue una guerra civil entre hermanos con diferentes concepciones. Muchos próceres de la independencia insistieron en que se debía luchar por la independencia con el fin de recuperar nuestra “libertad”.

 La pregunta es ¿Cuál libertad? No nacimos como un pueblo libre, nunca la conocimos como los personajes de la independencia la concebían. Lo que existía era un doble proceso de colonización. Primero de los blancos peninsulares hacia los blancos criollos y luego de estos últimos hacia todos los estamentos inferiores a ellos, mantuanos que estaban en la cúspide del poder colonial americano. Ahora, ¿es vergonzoso asumir esta realidad? ¿Cuál es el problema de reconocer, en nuestra casi inexistente historiografía, nuestra condición primaria de monárquicos? Puedo comprender que los próceres intentaran inculcar al resto de la sociedad colonial un mensaje de lucha entre los eternos opresores [los españoles peninsulares] con su retrógrado y opresor sistema de gobierno, y nosotros los colombianos (bueno ese es otro detalle, aunque la República de Venezuela se proclamó en 1811, la misma no tuvo tiempo para constituirse como tal, de forma sólida, por lo que nacemos primeramente como república cuando se decreta la creación de Colombia, alias Gran Colombia, y por venezolanos cabe acotar; Entonces, sí, nacimos republicanamente como colombianos del departamento de Venezuela) quienes aspirábamos a la libertad y por ende al final del despotismo representado por la Monarquía. Teníamos que convencer a las masas, decirles: “Miren, tenemos un plan, no nos agrada ser súbditos de una Monarquía porque digamos que queremos dirigir las cosas completamente nosotros mismos, por lo tanto les proponemos lanzarse con nosotros en la aventura de hacernos República y transformar nuestra centenaria mentalidad monárquica a una republicana sin tampoco tener claros si estaremos mejor que antes. ¿En todo caso, se animan?”. Por lo que vemos ese argumento aunque sincero no era el más convincente.

Como podemos darnos cuenta con este breve artículo, la independencia fue un proceso muy complejo, no sólo acá sino en el mundo hispánico y jamás debe estudiarse bajo la simplista óptica de malos contra buenos. Incluso entre tantas proclamas de independencia, cuando se restituye la Monarquía en la América hispana (1814-1820), la paz en la región fue significativa, dejando al margen evidentemente a  las maniobras sin éxito de los “patriotas”. Ello evidencia la tranquilidad y sosiego de nuestra sociedad por el restablecimiento del orden monárquico.

Fuimos orgullosamente fieles al rey, luego dimos un valiente, aunque temerario, paso hacia una forma de sociedad más libre e igual y aquí estamos todavía, en el difícil proceso de realizarnos definitivamente como una sociedad democrática y republicana. Cuando aceptemos que fuimos monárquicos se podrá, finalmente, desechar los argumentos patrioteros absurdos de que alguna vez, ante de los españoles, fuimos libres (claro porque en ese entonces los indígenas de acá vivían en un edén de prosperidad aunque los aztecas raptaran miembros de otros pueblos, los esclavizaran, igual que los europeos, y cortaran sus cabezas desde lo alto de las pirámides, siendo emulados en menor medida por las demás sociedades aborígenes. ¿A alguien esto le recuerda al buen salvaje?), y que con la independencia renacimos nuevamente como venezolanos (como si se tratara de una nueva raza ajena a su pasado mestizo colonial) recuperando nuestra libertad y derrotando al imperialismo capitalista europeo. Cuando eso suceda habremos dado un paso hacia el estudio crítico de nuestra historia y por ende nos despojaremos de muchos mitos irreales sobre quienes somos. Como se podrán imaginar este tema abre muchas aristas interesantes sobre nuestro pasado.