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Dentro de pocos días se celebrarán en mi país elecciones presidenciales. Esta vez los ciudadanos son nuevamente llamados a las urnas para que diriman el destino del país. A estas alturas es difícil pronosticar, o por lo menos ese es mi caso, de manera cuantitativa cual será el resultado final aunque no dejo de pensar en ello.

Estoy convencido de que las encuestas no sirven de mucha guía en este nuevo proceso electoral. Primero por la brevedad del mismo, el tiempo que toma realizar un estudio es considerable, generalmente unas 3 semanas, por lo que la mayoría de las encuestadoras que han dado resultados (chavistas la mayoría) capturan la foto de la carrera electoral de hace un par de semanas. Por lo tanto es imposible hoy por hoy saber cómo está la situación en cuanto a intención de voto se refiere.

En segundo lugar porque no confío en la manera como se hacen las encuestas aquí, recuerdo el 7-O y la “guerra de encuestas” y me reafirmo en mi postura. Uno no sabe ya hasta qué punto el gobierno o la oposición están influenciando a la firma encuestadora. Solo confío en Datanálisis y en su caso anunció al inicio de esta campaña que no sacaría estudios públicos.

Dejando de lado ese punto, solo me queda pensar lo más lógicamente posible lo que sucederá, sabiendo que de todas formas no tengo la información necesaria para realizar un análisis más completo y directo. Me bastaré entonces con lo que veo y escucho, lo que está siempre sujeto a imprecisión y por lo tanto las posibilidades de que me equivoque son grandes.

Veamos, ya pasó un mes desde que el presidente falleció. Considero que el efecto Chávez estará sin duda alguna presente en estas elecciones. En su última alocución en diciembre el presidente fue enfático en que su gente votara por Maduro si él no regresaba. Lo que dijo Chávez se convierte prácticamente en un imperativo. ¿Qué pasará por la mente de un chavista ante estas elecciones? Pues considero que deben enfrentar algo parecido a lo que he llamado el “dilema chavista”. Veo las dudas dentro del oficialista de dos maneras. La primera: “Mi comandante ordenó que votara por Maduro y como este es el garante del proyecto del presidente pues voto por él”. Es un pensamiento que si se quiere no se detiene en asuntos racionales sino es puramente emocional, basada en la lealtad revolucionaria. La segunda: “Maduro no es Chávez, el comandante lo ordenó pero él fue único, Maduro no calza y ante la situación del país he decidido que no me gusta y probablemente me abstendré”. En este caso considero que el chavista atiende más a la situación país que a lo emocional.

En cuanto a los denominados NI-NI, a estas alturas no sabría decir cual porcentaje representan, si ya se han definido, si se abstendrán o como afectarán el proceso. Creo que es otro factor a tener en cuenta pero lo dejo por fuera por no tener datos con que interpretarlos, aunque pudieran ser decisivos.

 

Ahora vayamos al escenario electoral. Creo que hay dos factores que interrelacionados entre sí producirán el resultado del 14-A. Del lado chavista es esencial que su maquinaria (la de PDVSA y los entes del Estado que el 7-O fueron esenciales para remolcar gente y ganar) esté efectivamente lubricada y activa. Del lado opositor es fundamental que todos los que votaron el 7-O vayan a votar, algo que en cierta medida creo que sucederá por esta nueva atmósfera de optimismo que se vuelve a vivir gracias a la otra vez excelente campaña de Capriles. Entonces veo tres escenarios según la interacción de estos dos factores.

El primero: el chavismo activa su maquinaria de manera perfecta y la oposición no sale a votar en la magnitud que lo hizo el 7-O. Este sería el peor escenario para la oposición, donde Maduro pudiera ganar incluso un poco por encima del 10% de brecha con que ganó Chávez. Ojo, esto no quiere decir que vaya a sacar más votos que el difunto, en términos nominales, sino que la brecha entre el oficialismo que salió completamente a votar y la oposición que no, será mayor en términos relativos. Incluso considero que es absurdo pensar que Maduro ganará por más votos de los mismos alcanzados por Chávez en vida. El chavismo tiene ya un techo definitivo, 8 millones y tantos y de ahí dudo que se mueva. Por lo tanto fantasear con 10 millones para Maduro es irreal.

El segundo: Tanto el chavismo con su maquinaria, como la oposición con su gente, salen a votar. Pienso que en tal situación el resultado sería muy parecido al 7-O. Un 10% de diferencia o un poco menos.

El tercer escenario: La maquinaria chavista no se desempeña tan efectivamente como en otras contiendas por distintas razones y la oposición sale masivamente a votar. En ese escenario, no sólo creo que la brecha se reduciría de manera alarmante (a un dígito) sino que incluso pudiera haber margen para ganar, aunque sea por poco. Hay que tomar en cuenta aquí lo siguiente: la oposición sí pudiera crecer en números –en términos porcentuales- como lo ha venido haciendo pero para estas elecciones no creo que puedan captar nuevos electores, menos chavistas descontentos con Maduro en masa (quizá a uno que otro sí pero no a la mayoría). Si la pasada campaña fue moderada contra Chávez y se obtuvieron los resultados conocidos, ésta que combina agresión con los problemas del país no creo que capte nada nuevo; bueno quizá sí, los ultra radicales opositores que tal vez no votaron el 7-O. Lo esencial será en este caso la abstención del chavismo.

Ante estos escenarios tiendo a pensar que el que tendremos el domingo será el segundo. La clave está en que hará el chavismo que no está con Maduro. Hablaba de ello con un amigo y llegamos a la siguiente conclusión: si nada interviene en su decisión podrán abstenerse pero si la maquinaria oficialista viene a buscarlos y los pone a votar, ante el panel, ¿cuál creen que será su elección? No son caprilistas, por lo que Capriles no es una opción, de esa manera probablemente a regañadientes voten por Maduro. Existe también la posibilidad de que se vayan por uno de los candidatos independientes pero lo dudo.

Sinceramente quisiera que el domingo, si se pierde sea por poco, o incluso que se gane. Pero pienso que el resultado estará en una brecha de entre el 5-10%. En esa zona el golpe lo sentiría amortiguado dependiendo de si la brecha es mayor o es menor pero en todo caso no me sentiría “deprimido”. Si sobrepasa más allá del 10% o se queda allí desastre total y si es menor al 5% pues lo celebraré moderadamente.

Creo que sacar al chavismo tomara un tiempo más pero depende de nosotros que este domingo la cosa cambie. Si se pierde creo que es esencial que sea por poco, de ese modo el nuevo gobierno de Maduro (nada fácil la tendrá) se enfrenta de inmediato con prácticamente la mitad del país adversándolo y además, pasado el efecto Chávez dentro de un par de meses e iniciado el contraste entre su gestión y la de Chávez, tendría que estar pendiente de su propio partido y las posibles pugnas que pudieran desarrollarse. En ese caso creo que le quedarían dos caminos: radicalizarse (que es lo que creo que hará) a riesgo de perder popularidad o negociar con la oposición e iniciar un nuevo gobierno de conciliación y consenso (algo que veo imposible ya que eso sería traición a la revolución y nuevamente contribuiría a que jerarcas del chavismo conspiren contra él así como perder el apoyo del chavismo duro).

Vistas las cosas así, el cambio pudiera estar, de perder el domingo, a pocos años o meses incluso. De ganar Capriles la situación sería a mi modo de ver más difícil pero es un tema que no trataré aquí, solo decir que el posible proceso de fragmentación del chavismo se pudiera detener, cohesionándose todos momentáneamente frente al enemigo en común. Aunque puede también que me equivoque y esto suceda.

En fin, no sé qué pasará. Sólo esbocé vagamente lo que pienso pudiera suceder. Mi recomendación: Salir a votar masivamente, a lo largo del día, y quedarse en los centros de votación; Y sobre todo movilizar a la gente.

Por eso este domingo VOTA!