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Profesores prepotentesDespués de 5 años de formación universitaria, puedo decir con propiedad que he tenido una gran variedad de profesores que me permiten hacer una comparación y formar un criterio sobre lo que creo implica ser un buen profesor.

Quiero empezar resaltando una asociación que solemos tomar [al menos en Venezuela] como automática y creo es errado: ser un duro a nivel profesional implica ser un duro como profesor. El dominio del conocimiento que se va a impartir es, sin duda alguna, de suma importancia y constituye la base de la transferencia del conocimiento pero no necesariamente del aprendizaje. Es aquí cuando entra el elemento pedagógico en consideración, que es igual o quizá más importante para un docente.

He tenido profesores que son sumamente reconocidos en el ámbito académico y/o profesional que a la hora de dar clase, son simplemente terribles y que suelen tener una metodología sumamente teórica, poco didáctica y en exceso formal que no siempre asegura que el mensaje sea transmitido de manera clara y lo peor aún, que muchas veces sienten que el hecho de que la mayoría de sus alumnos salgan mal es una señal de alto nivel de exigencia, sin pararse a reflexionar sobre la calidad de sus clases. Muchas veces  estas personas simplemente no tienen la vocación, preparación o el talento para enseñar de manera efectiva un conocimiento especializado que lo ha llevado hasta el éxito profesional y/o académico, y quienes emplean a profesores deben entender que no todo el mundo puede dar clases.

Sin embargo, también existe el  otro extremo donde los ejemplos llegan a un punto tal que uno termina acordándose del ejemplo pero no del mensaje que se quería transmitir inicialmente. No escapan de la crítica aquellos profesores que no entienden lo dinámico de nuestros días y que toman la actualización como algo sugerido pero no obligatorio, lo mismo que con las nuevas tecnologías, que parecen llegar a todos lados menos la academia. Estimados docentes, seguir dando contabilidad por completo en un pizarron –por ejemplo- es cómo si redacción para los medios se siguiese enseñando con los alumnos escribiendo en maquinas de escribir.

Un buen profesor es aquel que pueda transmitir un conocimiento específico de manera clara e interesante que permita despertar el interés de los alumnos en profundizar en el tema pero que también les muestre como ese conocimiento se integra al mundo práctico y asegurarse que para el alumno no simplemente quede la información cómo un modelo o una teoría más sino que sea una herramienta que permita entender de manera más completa el cada vez más complejo entorno que nos rodea. Un profesor debe poder transmitir un conocimiento madurado por el ejercicio profesional o la investigación de manera que sus alumnos no sólo lo entiendan sino que sepan aplicarlo de manera efectiva y que perdure en el tiempo.

Mientras no entendamos el peso de la pedagogía en el ejercicio de la docencia, podremos seguir teniendo excelentes profesionales pero terribles docentes a cargo del proceso más importante para un profesional y para la sociedad en general: la formación de su futuro.