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GlobovisionLamentable: esa es, sin duda, una de las palabras que nos viene a la mente con lo que está sucediendo con el único canal que servía de ventana a una mitad –o al menos sus voceros- del país. La venta de Globovisión y su evidente cambio de línea editorial es un muy duro golpe a lo poco que queda ya de libertad de expresión, que ocurre un poco cómo con muchas carreras o profesiones: no están prohibidas pero aquí no hay oportunidad.

Sin embargo, ante un escenario que sin duda es –para variar- incierto y oscuro en el mejor de los casos, hay que tener en mente varias cosas.

1)      El gobierno no tomó Globovision. Fue una venta “voluntaria” del Sr. Zuloaga, quien no dudo que haya sido amenazado y extorsionado para vender. Me parece importante resaltar esto a la hora de argumentar o discutir con quienes aún simpatizan con el gobierno de turno. Incluso creo que es de suma importancia tenerlo en mente a la hora de armar discursos políticos o protestas por la libertad de expresión.  Esta compra disfrazada deja claro lo que viene siendo un método bien conocido en Venezuela desde los tiempos de Gómez: importa mantener la apariencia de legalidad pero no importa la legitimidad. Igual que con la marramusia que armaron el 10 de enero; ellos parecieran necesitar engañarse a sí mismos.

2)      Se debe consolidar lo que se ha construido y, nuevamente, transformar la política. Recordando la espectacular remontada de votos [aún incierta la verdadera cantidad] , los políticos en Venezuela deberían tomar la política que dio frutos: la de tomar la calle. Es en esas giras por el país, en el recorrido pueblo por pueblo, pero especialmente esos miles de activistas políticos que nos convertimos cada uno de los que trabajamos por un camino distinto al que estamos el que logró los verdaderos cambios. Sin duda la difusión de una televisora es una gran ventana que contribuye muchísimo, pero creo que sobreestimamos el alcance de globovisión y subestimamos el poder que tiene la política tradicional. Ya la política no se hará en Buenas Noches pero quizá pueda volver a hacerse de donde nació: en las calles.

3)      Es muy duro pero no el fin del mundo. En pleno 2013, la revolución de las comunicaciones de información será clave también para las comunicaciones políticas y no debemos olvidarnos de esto, especialmente porque los medios digitales toman una importancia bárbara y no me refiero sólo al twitter sino al contenido crítico que pueda generar cada ciudadano dentro de su propia comunidad. No sé si hemos comprendido el alcance que tiene cada uno de nuestros Facebooks o la telefonía celular, en un país donde la penetración móvil es de 104% [cifras oficiales]. Evidentemente es mucho más difícil, pero si nuestros abuelos lograron circular información partidistas y desenmascarar a un gobierno militar-dictatorial en los 50’s con muchos menos recursos, no veo porque no podemos nosotros con las tecnologías a nuestro alcance. Vale la pena retroceder en la memoria y preguntarle a nuestros amigos tunesinos y egipcios un par de cosas.

4)      El mejor aliado de la oposición es el propio gobierno. Hay desastres que se pueden ocultar, pero 400 muertos en Caracas en lo que va de mayo cuando el ejercito “está en las calles” –cosa que no he visto más allá de par de alcabalas-, el desabastecimiento y la inflación asesina, por citar algunos problemas urgentes y asfixiantes, son imposibles de ocultar y por cómo se están manejando las cosas, el panorama no pinta muy alentador.

Cada ciudadano tiene su esfera de influencia y un cierto alcance. Así como el 14-A fuimos movilizadores y logramos un resultado que nadie daba por creíble, nos toca difundir la información de interés con la misma viralidad con que llega un bailecito en morrocoy o un mandibuleo del este del este.