Pobreza en Venezuela

Ensayo escrito para la cátedra de Pobreza AUSJAL

Entre 1997 y 2011 la pobreza se redujo de 62.5% a 27.4%[1], en buena medida gracias al boom petrolero entre 2004 y 2008. Sin embargo, a nuestro alrededor esas estadísticas parecieran no reflejar fielmente la realidad que vivimos en el país. Pareciera que hay más dinero pero que la calidad de vida sigue siendo sumamente baja. ¿Mienten las estadísticas? ¿Cómo entendemos y medimos el fenómeno de la pobreza? Al ritmo que vamos, ¿lograremos erradicarla? Sirvan las próximas líneas para intentar dar respuesta a estas preguntas.

La pobreza es un fenómeno sumamente complejo de comprender y de medir. Existen varias maneras de medirla, sin embargo, la comúnmente aceptada es la medición a través de la Línea de Pobreza, donde si una persona no tiene ingresos suficientes para adquirir una cesta básica de consumo, se considera pobre y si los ingresos no le alcanzan para la mitad de la cesta, es considerado en pobreza extrema. Esta técnica es sumamente útil para la comparación entre países y en términos prácticos se hace mucho más fácil el seguimiento de su evolución. Sin embargo, tomar la pobreza como un fenómeno únicamente monetario-nominal sesga la evaluación a un status transitorio y no mide la evolución de los principales problemas que la causan.

Justamente esta medición permite que a través del aumento del ingreso medio se puedan distorsionar, en cierta forma, las verdaderas percepciones sobre la pobreza y la sostenibilidad de su reducción a lo largo de los años. De ahí la importancia de profundizar en el tema de pobreza en Venezuela, la responsabilidad del Estado en su erradicación y las aproximaciones de los programas orientados a erradicarla.

Para comienzos de la década de 1970, Venezuela era el primer exportador de petróleo en el mundo y gracias a la renta petrolera, entre 1922 y 1977 tuvimos el mayor crecimiento económico del planeta[2] y un desarrollo modelo en términos de infraestructura, instituciones, educación, salud y sistema político en la región. Fue la época donde la gran mayoría de los venezolanos tuvo acceso a la educación en sus distintos niveles y el nacimiento de industrias y empresas que nos hicieron un país de oportunidades. Hoy contamos con las mayores reservas petroleras del mundo y, sin embargo, somos un país pobre con un Estado rico. Esta situación es realmente difícil de comprender -me atrevería a decir que es una paradoja-  sobre todo cuando entendemos como pobreza únicamente a aquellos hogares por debajo de la línea de ingresos, sin contar las condiciones de vivienda, acceso a servicios básicos, educación, etc.

La disminución de éste fenómeno ha sido el principal objetivo de los gobiernos democráticos que ha tenido Venezuela y es una ambición que queda manifiesta desde 1931 con aquel Plan de Barranquilla[1]  en tiempos donde el voto universal, directo y secreto era apenas una aspiración. La política y las acciones del gobierno están íntimamente ligadas y en un país petrolero donde una muy importante parte de la población vive en pobreza, cualquier discurso político de redistribución y subsidios será atractivo.  La popularidad es la medición de éxito de un político, especialmente estando en el gobierno, y el gasto, una herramienta muy efectiva para conseguirla. El gasto público puede ser un gran motor para sacar a millones de la pobreza, la diatriba está en sí su superación será transitoria o permanente

La pobreza más allá de un tópico político, es una realidad económica y social. Cuando hablamos de ella,  pensamos automáticamente en nivel de ingresos y es ese pensamiento lo que nos lleva a las soluciones que atacan consecuencias pero no causas, maquillar lo visible pero olvidarse del trasfondo. Los incentivos políticos deben ser consistentes con los sociales, de lo contrario se da cabida a medidas que sean paños calientes pero que no ataquen las causas estructurales de los problemas. Por ejemplo, en un país, donde la reelección siempre ha sido permitida (de manera directa o esperando 10 años) , los incentivos están servidos para que el gobernante  gaste lo más que pueda y en lo que sea más visible. ¿Qué cosa más obvia que un subsidio o una transferencia directa? Construir una escuela es sumamente visible y bandera de cualquier propaganda política, pero la calidad de sus maestros no lo son. Lo mismo ocurre con los sistemas de salud, la calidad de nuestras vías de comunicación y en general de los bienes públicos.

Sin embargo, un bajo nivel de ingresos no es más que el reflejo de pocas capacidades y/o oportunidades, que –según Amartya Sen- constituyen las principales causas de la pobreza. Es bajo la concepción de que la pobreza es únicamente un fenómeno monetario-nominal que los programas sociales y de lucha contra la pobreza han estado enfocados –y últimamente exacerbado- en la forma de subsidios al consumo (desde un Mercal hasta un tipo de cambio sobrevaluado que permita importar alimentos a precios por debajo del mercado nacional) o transferencias directas. Será permanente la reducción de la pobreza que se logre a través de estas medidas? No. Durará mientras el petróleo aguante sobre los 100$ el barril, puesto que no se generan verdaderas capacidades y las oportunidades son dependientes en gran porcentaje del gasto que pueda realizar el Estado.

Los programas sociales –entiéndase en la actualidad Misiones – no están enfocados en la generación de capacidades y oportunidades, por lo que su efecto será transitorio y no permanente sobre la población en la cual busca incidir. En otras palabras: las misiones están orientadas en – además de un claro objetivo de propaganda-  tratar las consecuencias de la pobreza como lo puede ser la deserción del sistema educativo o el bajo nivel de ingresos[4] y no sus verdaderas causas como lo pueden ser la calidad educativa, informalidad del trabajo, la carencia de capacidades para conseguir un empleo o la falta de empleos por condiciones adversas a la inversión.

La pobreza es un fenómeno que no puede solucionarse a punta de gasto y, si bien el crecimiento económico ayuda mucho a reducirla, no ataca sus causas fundamentales. La educación, por ejemplo, es uno de los elementos principales para la generación de capacidades y buscar aumentar su cobertura, si bien es importante, no mitigará la generación de capacidades si no está acompañado por educación de calidad –una de las principales causas de deserción escolar- y que satisfaga las necesidades que requiere el país y el mercado..  Ahora, ciudadanos capacitados pero sin oportunidades para poner en uso esas capacidades y ser remunerado por ello, seguirán siendo ciudadanos pobres. Las inversiones, tanto públicas como privadas, son esenciales para la creación de un ambiente lleno de oportunidades para que ciudadanos capacitados las puedan aprovechar. Nuevamente, de nada sirve tener todas las condiciones para invertir y desarrollar industrias si no hay personas capaces de ser el motor detrás del crecimiento.

Políticas orientadas hacia la superación de la pobreza vía generación de capacidades y oportunidades no atacan únicamente el fenómeno de una manera permanente y no transitoria sino que también ayudan a reducir la desigualdad. Sin embargo, para emprender un camino de erradicación de la pobreza verdaderamente efectivo y sostenible, debemos tener políticas que sean coherentes a las acciones que lleva a cabo el gobierno y los ciudadanos debemos entender que la pobreza no es únicamente un problema de ingresos sino un conjunto de situaciones que nos han llevado a donde estamos. Este punto es especialmente preocupante puesto que somos un país lleno de contradicciones y paradojas, tanto a nivel de Estado como de sus ciudadanos

Para ejemplificar, somos el país donde la educación privada de Fe y Alegría en los barrios más pobres de Caracas cuesta 30 Bs al mes (5$ oficiales) con “dificultades” para pagar pero con celulares  que valen 10.000 Bs que pudiesen financiar 37 años de esa educación. Somos el país donde la pobreza aumenta 16.1%[5] en 6 años pero quien gobernó en ese tiempo sale como el presidente más popular. Somos un Estado comprometido a erradicar la pobreza, pero que subsidia a los más ricos subsidiando la gasolina.

El primer paso para erradicar la pobreza de manera permanente es dejar de atacarla buscando aumentar el ingreso de los ciudadanos vía transferencias monetarias o bajar la línea vía subsidios, sin generación de capacidades que les den acceso a oportunidades permanentes de aumentos de ingreso, no dependientes del Estado y del ingreso petrolero. Es una tarea que no es responsabilidad únicamente del Estado, puesto que los ciudadanos deben comprender la importancia de las capacidades que puedan desarrollar y la importancia de buscar oportunidades donde puedan explotar sus capacidades de manera permanente.

Las estadísticas de pobreza en Venezuela no mienten, pero muestran una situación que, por nuestro actual entorno y el estado de nuestra sociedad, aumentarán en pobreza una vez que el gasto se vuelva insostenible.