gmvvLa vivienda, según la teoría de desarrollo expuesta por Amartya Sen –la de mayor consenso en la actualidad–, no solo es un derecho humano, sino también uno de los factores clave que permite ampliar las libertades del hombre. En esta línea de pensamiento, no se puede hablar de desarrollo en una sociedad donde sus individuos no ejerzan la libertad de elegir. Para ello, entonces, se necesitan elementos liberadores como educación, seguridad, salud, vivienda, que permitan a una persona que haya nacido en circunstancias de escasos recursos económicos romper este ciclo intergeneracional de la pobreza. Es decir, que a través de educación gratuita y servicios básicos el hijo de una familia de escasos recursos –por sus capacidades productivas y creativas– pueda convertirse en un sujeto con prosperidad económica.

La Gran Misión Vivienda (GMVV) es uno de los programas sociales de mayor presupuesto público y, por lo tanto, es lógico pensar que va a determinar, en cuantía, la vida de miles de venezolanos. Hace meses conocí a varias personas en el estado Nueva Esparta. El relato de sus peripecias me estremeció. Me contaban que una cantidad importante de familias en varios de sus municipios eran damnificados afectados por la tragedia del año 1999 en el estado Vargas, y beneficiadas por la GMVV. Ellas, por supuesto, estaban agradecidas por tener una vivienda. Pero tenían, dicho en sus mismas palabras, “encerrados a sus hijos”. No se atrevían a dejarlos salir, tal vez por la sabiduría popular de que cada barrio sabe quiénes son sus malandros y quiénes los cuidan. No se están dando, pues, al menos en ese lugar, procesos de socialización. Las madres tienen miedo de mandar a sus hijos a las escuelas, incluso a dejar las casas solas. No obstante, la GMVV, según su normativa, integra “programas sociales destinados al cuidado de los niños y niñas en educación inicial, escuelas bolivarianas (…) siempre y cuando las edificaciones (…) cuenten con el espacio y el acceso adecuado para tales fines” (Ley Régimen de Propiedad de las Viviendas de la Gran Misión Vivienda Venezuela, Decreto Número 8.143, 6 de abril 2011). Ahora vale mencionar que la administración pública ha fracasado en el intento de recuperar nuestras escuelas, que se han convertido en espacios de violencia, competencia, drogas y aburrimiento. Así me respondieron algunos jóvenes en Nueva Esparta cuando les pregunté cómo querían que fueran sus escuelas: “como una segunda casa”.

¿Basta entonces con reducir el déficit habitacional sin importar las consecuencias sociales que pueda generar la mala implementación de este programa?

En la mayoría de los países donde se ejecutan políticas públicas de vivienda, como es el caso de Chile, Brasil o Francia, los programas no entregan viviendas sino que se dividen en dos vertientes: créditos que financian la adquisición de la primera y alquileres de viviendas públicas a bajo costo por períodos cortos, mientras se logra estabilidad económica antes de optar a un crédito. Las ventajas de los créditos es que son instrumentos que pueden ajustarse en función de distintas circunstancias, acondicionando sus tiempos de pago, tipos de interés y montos iniciales. Y el crédito permite que el ciudadano tenga la posibilidad de considerar sus propias variables a la hora de comprar una casa (ubicación, costos, tamaño, seguridad de la zona, vías de acceso, servicios públicos, junta de condominio, trabajo, comunidad, etc.). La diferencia entre un subsidio (GMVV) y un crédito es que en el primero el gobierno te hace un favor, ¿necesario? Y a los favores no se les buscan peros. Sin ánimos de profundizar en una discusión extensa sobre la conducta de las constructoras privadas (altos precios), ni tampoco en los detalles del subsidio de la GMVV (que varía en porcentaje –entre 2% y 100%– con respecto a los ingresos familiares recibidos –entre 1 y 4 salarios mínimos–); suena más favorable que el ciudadano pueda participar de una decisión de tal trascendencia para su vida. El Estado decide en qué momento adjudicar, dónde y bajo qué características. ¿Por qué el Estado decide cómo deben vivir sus ciudadanos? (Exceptuamos de esta consideración la entrega de materiales para autoconstrucción, contexto más favorable en el sentido del tema que trata este artículo).

La vivienda históricamente representa el resguardo de la familia. Un lugar seguro que protege a sus habitantes, en contraposición con la situación de calle de la pobreza extrema. No obstante, es preciso apuntar cómo esta “reivindicación” ha mermado en su función primaria. Estudiando el programa social me topé con una estudiante universitaria que fue pasante dentro de un refugio en Vargas y me contó una experiencia personal, recurrente en medios de comunicación. Le tocó levantar la denuncia de una violación. A los acusados se les internó en una jefatura y luego de tres días se les dejó libres de cargos, amenazándola y obligándola a renunciar a su trabajo. El delito, comprobado, no excluyó a estas personas del beneficio. De lo anterior se concluye que el gobierno está entregando viviendas a familias a sabiendas de que cohabitarán con sus previos agresores ¿Cuánto miedo se puede estar sintiendo en el interior de estas casas? ¿Cómo repercute el miedo en el ordenamiento social de una nación?

Adicional al miedo, comunidades de unas localidades y otras están conviviendo sin mediación de sus diferencias culturales. Un estudio de antropología urbana en Sarajevo muestra cómo los campesinos que migraron a la ciudad son llamados despectivamente “seljaci”, por parte de los “građani” (nativos), que se refieren a los primeros como los que “se pasan todo el día sentados bajo la parra tomando cerveza” (Borelli Caterina, La ciudad post-traumática. Universidad de Barcelona, 2012). ¿Cuántos fenómenos sociales se pueden estar desarrollando en nuestro país de manera simultánea a raíz de estos traslados? ¿Cómo influye la vivienda en la configuración de nuestra identidad? ¿Se debaten estos problemas? El modo de urbanizar un país, es también una manera de determinar nuestro futuro.

 

Sobre Claudia Márquez: Economista, asesor externo de Transparencia Venezuela en el área de seguimiento al Presupuesto Nacional y la Gran Misión Vivienda Venezuela así como articulista del diario Tal Cual. Actualmente vive en Barcelona, España y se encuentra cursando una maestría en Antropología, investigación avanzada e intervención social. Fue parte del taller de ensayos de Armando Rojas Guardia. Correo: marquez.raices@gmail.com, twitter: @claumarquez