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Caracas de NocheEn Caracas quien sufra de insomnio se ve expuesto a grandes peligros. Ya los jóvenes cada vez llegan más temprano a casa. Y quien llegue muy tarde cae en el infortunio de ser regañado por sus padres, no por andar en la calle haciendo cosas malas, sino por lo malo que le puede pasar si está en la calle.

Una generación como la de mis padres no se da cuenta que su juventud fue muy diferente a la nuestra. Nos reprochan a cada rato actos que consideran rebeldía, como una simple salida con tus amigos. Tremendo horror se convierte para ellos. Esa generación recorrió Caracas con la seguridad de que no les pasaría nada y a las horas que quisieran. Aquí ahora ser joven es estar limitado a un horario de oficina, entras y sales cuando hay luz. Solo roguemos que no empiece a oscurecer más temprano porque nos veremos a las cuatros y media en casa. Cuando te cansas de rogar y consigues el permiso para salir, a la mañana siguiente no te pares a desayunar con ellos, lo primero que te dirán es: No dormí por tu culpa toda la noche, estaba pendiente de que llegaras.

A mis padres no los culpo de esta actitud, eso solo se traduce en  que realmente me quieren. Vivimos en una selva y eso acrecienta los conflictos familiares, llenándolos de injusticias. Mientras ellos rieron, recorrieron y viajaron con sus amigos; nosotros nos escribimos por mensaje, nos conectamos al Facebook y esperamos saber de nuestras amistades por la red. Se ha construido una generación de oficina.

Este es el legado que dejaron los que creyeron en un golpista, que además no le fue suficiente hacerse para él la corona y nos dejó en su dinastía al Idiota de su “hijo”. Aquí uno nunca sabe si ser bueno es lo correcto, mientras los malos dirigen el país. Te cuestionas todos los días ¿será que tendré que empezar a comportarme como un patán? ¿Así conseguiré mi puesto en esta selva de sociedad? Pero no muy tarde encuentras la respuesta y dices: Yo simplemente no nací para ser malo, tengo valores y lo que es mejor valoro a mi país. Es aquí donde tu puesto en la sociedad te hace ser el más frágil. Ya nadie tiene valores, nadie pasa por el colegio y aprende. Todos son educados por un sistema que precisamente no fue educado.

La inseguridad está en el puesto número uno del ranking, pero paradójicamente es al que menos le hacemos caso. No nos importa a cuantos con problemas de insomnio maten en nuestro país. Lo que nos importa es no correr con esa suerte. Pero claro está que la lotería nunca sabe en donde cae. Esto no es un tema político, porque a ti no te pregunta un ladrón antes de robarte si eres opositor u oficialista. Se convierte en político cuando sabes que el responsable de la seguridad es el Estado, que casualmente está liderado por el Presidente de la República y que sin más coincidencias no cumple con sus deberes. Eso no es importante, lo importante es que tenemos patria.  Y esto mentira no es, si tenemos patria; una patria que está destruida, con miedo y sin paz.

 

Una reflexión para los venezolanos, solo para los que realmente son venezolanos. No para aquellos que se hacen llamar así, pero no miran que pronto no tendrán país que les otorgue un gentilicio. Si nos siguen matando en las calles, pronto se arreglará la escasez de alimentos. Ya seremos menos los que iremos al mercado por algo de comer. También la crisis hospitalaria, menos requerirán atención en los centros. Y así podremos ir resolviendo todas las ineficiencias de este gobierno. Para el emprendedor que quiera invertir, el mejor negocio es una funeraria o un cementerio, porque poco a poco esos campos verdes se llenan de nosotros. Es impresionante saber que en países que están en guerra muere menos gente al día, que la que muere en una noche en Venezuela.  Creo que no nos han avisado que vivimos en una guerra civil, donde todavía no gana nadie porque simplemente luchamos contra nosotros mismos. Existen trabajos muy malos para la sociedad. Ser ladrón, secuestrador o malhechor solo demuestra que de este país ya salió por Maiquetía la educación, los valores, la familia, la justicia, la paz y la hermandad. Se fueron sin boleto de retorno.  El trabajo ahora es convencerlos para que vuelvan porque nos hacen mucha falta.