Libertad“Freedoms are not only the primary ends of development, they are also among its principal means.”  Amartya Sen, Development as Freedom p.10

La libertad es quizá lo más preciado que podemos tener y es una condición necesaria para nuestro desarrollo personal y como sociedad. Como tantos otros en mi país, siento un sentimiento de desesperanza aprendida apoderarse de mí. La situación económica se torna cada vez más crítica, la política carece de cualquier valor moral o principios, la inseguridad es la norma y no la excepción, y las perspectivas de mejoras parecen estar como los dólares: escasos.

Sea quizá la sensación de que el Estado puede más que el individuo o que las condiciones nos acercan más a un país en guerra que a uno aspirando al desarrollo, lo que se siente en el entorno es una desilusión aplastante y una urgencia por escapar a casi cualquier costo.

Independientemente de la situación actual, mi preocupación principal es que cada día vamos perdiendo algo inherente a nuestra condición humana como lo es la libertad. Es una perdida que ha sido gradual y dolorosa, de la que nos hemos adaptado como buenos sobrevivientes pero como pésimos demócratas.

Hemos ido perdiendo gradualmente la libertad de hacer con nuestro dinero lo que queramos. Primero fue un control cambiario que nos hace depender de la voluntad de una burocracia estatal altamente politizada y el poder obtener, a cambio de mi dinero en bolívares, su equivalente en una muy reducida gama de divisas. Después, vino como un choque que nunca logramos sacarle al carro, la inflación que vivimos intentando superar, pero nos priva de planificar incluso en el corto plazo y nos golpea nuestro poder adquisitivo. Nos fulmina la escasez, donde no vale ya tener el dinero para adquirir lo que queramos, porque simplemente no se consigue.

La libertad de pensamiento nunca se podrá perder, pero la de expresarnos si que la vamos perdiendo. No me refiero únicamente a la pérdida de espacios en los medios de comunicación y la pérdida de los medios en sí; nuestro problema ha escalado a niveles sociales donde la intolerancia llega a niveles tales de que se ha vuelto –para mucha gente- preferible la autocensura a las represiones violentas como consecuencia de expresar disidencia (para mayor referencia ver golpiza a diputados de oposición en la Asamblea Nacional).

La inseguridad nos priva de muchas cosas, siendo quizá la más importante la de movernos libremente por donde queramos, por un miedo (bastante bien fundado) a perder lo que llevemos encima, o peor, la vida misma. Caracas se ha vuelto una ciudad donde se cuentan más rejas que ventanas; una sumatoria de jaulas que llamamos viviendas.  Y ahora vamos perdiendo algo que pueda parecer banal pero que dice mucho: la libertad de salir del país. Al igual que con los medios o las empresas, no se necesita un decreto para prohibir la salida del país. La guerra entre CADIVI y las aerolíneas ha vuelto inaccesible, tanto en disponibilidad como en precios, la salida del país y con ello nuestra libertad de movernos.

“Siempre habrán maneras de resolver”, dirán algunos. Muchos en Cuba habrán dicho lo mismo en su momento. Ya hemos perdido nuestra libertad y con ello se va yendo nuestra esperanza.