Tags

, , , , ,


Porinocoobreza y enfermedad. Probablemente las dos palabras que mejor describían al país a comienzos del siglo pasado, que resultarían completamente distantes y ajenas apenas un par de décadas después. Muchos venezolanos ignoran que fuimos por más de 50 años el país con mayor crecimiento económico del mundo [1],que pasamos a tener una democracia estable en un continente de dictaduras y un avance envidiable en todos los aspectos para el resto del mundo.

Alguna vez fuimos referencia y nos perfilamos con potencial de ser el primer país desarrollado de Latinoamérica. Se lo debemos en buena parte a lo que en el imaginario colectivo es conocido como el “excremento del diablo” y que otros promueven su “siembra”, a pesar de que, paradójicamente, está enterrado en nuestra tierra. Hago referencia pues, al petróleo.

La irrupción del “oro negro” nos marcó profundamente como sociedad y nos llevó a soñar con el desarrollo del país, aunque poco sea el conocimiento que tenemos sobre este recurso como sociedad. Pensaría cualquier lector  que el estado actual en el que estamos se debe a que se nos acabó el petróleo o que sus precios están demasiado bajos, y que debemos enfocarnos  en actividades productivas que, con esfuerzo duro, nos lleven al desarrollo. ¿Es razonable este planteamiento?

Son muchas las causas que nos han llevado a ser un país que pasó de figurar en el podio del crecimiento económico al podio de la inflación (a la fecha vamos casi por 40%),  de ser referencia no por nuestra estabilidad política y democracia consolidada a ser referencia por tener edificios controlados por grupos anárquicos que sirven como inspiración para series televisadas de terroristas e impresionantes relatos periodísticos que escapan ya el ámbito nacional.. Sin embargo, bajos precios, falta de hidrocarburos o energía no figuran ni cercanamente dentro de las causas.

Tenemos tres años seguidos con un precio promedio anual por encima de los 100$[2]el barril, las mayores reservas robadas del mundo en petróleo y figuramos en el puesto 11 en lo que a reservas del mundo en gas se refiere; por no contar que tenemos energía hidroeléctrica para abastecer a más de la mitad del país. Seguimos siendo la envidia de muchos por una condición totalmente ajena a nosotros al contar con hidrocarburos en nuestro suelo, pero producimos apenas 3% [3] del total de petróleo mundial y llegamos escasamente al 1% de la generación de energía primaria [4].

Considero que la década pasada y en la que estamos se nos resbalan entre las manos y que son pocas las herramientas que tenemos a disposición para generar cambios que nos enrumben a las vías al desarrollo. Nos enfocamos fuertemente en una condición necesaria más no suficiente como puede ser un sistema político basado en la institucionalidad; pero dejamos de lado y relegado a ser simplemente el vecino de toda la vida al petróleo, motor del transporte mundial y en nuestro caso, del desarrollo.

Mi vida ha estado marcada por devaluaciones, pérdidas de libertades económicas y sociales, y por la emigración como un fenómeno cada vez más cotidiano. El cambio político es necesario para cambiar la ruta de nuestro país, pero pensar en petróleo resulta fundamental si queremos recuperar una década que sentimos y vivimos, como se nos va. El riesgo no es que se nos acabe el petróleo, es que no lo utilicemos a tiempo.