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Mucho se decía antes del 14 de abril y especialmente después de la supuesta pugna entre Diosdado y Maduro. Que uno representaba el ala militar y el otro la cívica. Que uno era anti-cubano y que el otro era pro-cubano. Se dijeron muchas cosas y se siguen diciendo muchas cosas en torno a una supuesta división que aún no se muestra claramente al público.

Una parte de la oposición incluso fantaseaba con la idea de un golpe de Diosdado a Maduro: “ese tipo es muy bruto. Diosdado lo tumba en menos de 6 meses”. La

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prensa, los políticos y algunos actores relevantes de la sociedad se enfrascaron y enfrascan en generar o hacer creer que existe una fisura y que por ahí se

derrumbará el gobierno.

Maduro habló en días recientes sobre un “golpe silencioso” a través de una “guerra económica” que viene desde el imperio o cualquier absurdo parecido. Y no le falta la razón en cuanto a lo del “golpe silencioso”. Al igual que cuando en el Beisbol se habla solamente de Caracas y Magallanes pero terminan ganando los

Tigres de Aragua, así mismo está ocurriendo con el poder en Venezuela. Se habló tanto de Diosdado y Maduro, que ha sido muy poca la atención que se le ha puesto a Rafael Ramírez, quien controla (al menos de manera oficial) nada más y nada menos que a PDVSA, La Gran Misión Vivienda Venezuela y recientemente el mercado cambiario, la política fiscal y monetaria y todas las importaciones del país.

En palabras planas, absolutamente todas las divisas que entran al país (PDVSA) y las que salen (Vicepresidencia Económica – Centro Nacional de Comercio Exterior), además del diseño de la política monetaria y fiscal y del organismo de asignación de viviendas están en las manos de una sola persona… y no es el presidente. Ramírez en un espectacular “quítate tú pa’ ponerme yo” eliminó a la única “esperanza” de la economía, Nelson Merentes, y controla todos los mecanismos para manejar la economía a su antojo. Por si fuera poco, tiene bajo su control el elemento más poderoso de maquinaria populista que tiene el gobierno: La Gran Misión Vivienda Venezuela.

Podemos inferir que el “poder” del chavismo se basa en una mezcla entre autoritarismo y clientelismo, de los cuales el presidente pareciera no controlar ninguno. La lealtad hacia el gobierno –tanto en base como en cargos-  se basa principalmente en  un intercambio de sumisión por beneficios económicos (vía subsidios o corrupción) y cada vez en menor medida de ese elemento cuasi-religioso que era la figura de Chávez.  El poder puede ser militar, económico o por un liderazgo de legitimidad incuestionable. El primero no lo veo claramente en

manos de Nicolás (¿Diosdado figura ahí?), el segundo muy claramente en manos de Ramírez y el último, definitivamente no es de Maduro.

Pensamos, a mi parecer erróneamente, el poder como algo únicamente de los militares porque no valoramos correctamente lo que pudiesen hacer los civiles. Nos olvidamos que alguien les paga a los militares y que más peligroso que los militares, puede ser un pueblo al que le quiten sus subsidios. Quizá, sin darnos cuenta, sí vivimos un golpe que es como el veneno: silencioso y letal.

Rafael Ramírez es hoy en día la persona más poderosa en Venezuela. Tiene nuestra economía –además de hecha nada- absolutamente controlada y restringida, a lo que se suma el elemento de populismo más relevante de las últimas dos décadas (GMVV). Todo esto sin siquiera haber ganado las elecciones de la junta de condominio.