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El 8-D se celebraron elecciones municipales en el país. Distintas lecturas se han dado a los resultados y parece haber un sinfín de interpretaciones para los mismos. De todas las alcaldías en competición la del municipio El Hatillo se mostraba como una de las más interesantes de la contienda. Allí el asunto no se dirimió como en casi todo el país, entre las dos fuerzas políticas más importantes, sino de manera atípica entre una gran variedad de candidatos para elegir. Sobra decir que esto fue a consecuencia de la muerte de “El Pelón”, electo en primarias en 2012, y por ello la MUD resolvió permitiendo la concurrencia libre de aspirantes en los comicios. Al final triunfó David Smolansky de Voluntad Popular. Aunque lo realmente importante de esto no fue quien se llevó la alcaldía sino cómo compitieron todos por ella.

Digamos que lo ocurrido este domingo en El Hatillo es un micro ensayo de cómo sería el país si la fuerza del chavismo menguara y reinara una pluralidad de partidos en el espectro político. Hay que destacar que la mayoría de las organizaciones políticas que participaron en el evento pertenecen a la Unidad o en todo caso eran adversarias al proyecto chavista por lo que esto también nos permite observar  cómo se comportarían los partidos de oposición sin una amenaza clara que los afectara a todos. Por supuesto con esto no quiero afirmar que El Hatillo  sea una muestra representativa del comportamiento que tendría la Alternativa Democrática en el resto de Venezuela pero lo sucedido a mi modo de ver sí enciende algunas alarmas.

Siendo habitante de este municipio desde temprano en la campaña me vi bombardeado por la gran cantidad de mensajes de texto y actividades en las calles que buscaban resaltar a X candidato entre sus pares y a vender las bondades de una hipotética gestión suya. También recibí en la misma cantidad y con mayor intensidad mensajes que buscaban indirectamente desprestigiar al rival e incluso se inventaron rumores que se hicieron circular para perjudicar la campaña del contrario. Finalmente algún candidato recurrió a medidas que llamaríamos populistas al fungir de cuasi-alcalde reparando vías o pintando calles, entre otras actividades, cuando ni estaba claro de donde salían esos recursos ni estaba facultado para abrogarse competencias de la propia alcaldía. En todo caso la percepción que por lo menos yo obtuve es que se estaba llevando una campaña como si los candidatos de los partidos que conforman la alianza de la MUD estuvieran más interesados en desprestigiarse entre sí, recurriendo a las estrategias más bajas si era necesario, que en llevar una campaña ejemplar de respeto hacia candidatos aliados; algo que sin duda hubiera fortalecido la imagen de la Unidad en la localidad. De todas maneras no fue así y lamentablemente en este micro-cosmos que es El Hatillo los partidos dejaron de verse como aliados de una causa en común de interés nacional, que es luchar por un proyecto de país contrario al del chavismo, y ante la inofensiva candidatura de la tolda roja decidieron atacarse entre sí sin el menor pudor.

Espero que El Hatillo sólo sea una excepción y no la regla en una hipotética Venezuela plural porque si es así el mensaje que se le sigue enviando a la ciudadanía es que a los partidos opositores les interesa más sus propios feudos que de verdad trabajar mancomunadamente y sin intereses personales de por medio por el país. Incluso lleva a cuestionarse si de verdad la MUD podría ser una alternativa real para Venezuela. Peores fueron las declaraciones de algunos voceros de organizaciones políticas después  del domingo. Un notable dirigente de Primero Justicia, por ejemplo, argumentó, e hizo énfasis, en que su partido había sido el primero en alcaldías a nivel nacional, que la derrota en El Hatillo de su candidato fue por culpa de la “guerra sucia” con que se llevó la campaña allá, es decir confirma que la oposición prefirió luchar entre sí a tener que competir sanamente, para finalmente concluir que a pesar de todo el verdadero triunfo se lo llevó la MUD. Por lo menos en mi municipio la supuesta unidad no se vio.

Por ello es importante que en estos próximos meses la Unidad, que parece entrar en un periodo de reflexión y cambio, tome estos casos como ejemplo de lo que no debe pasar si se quiere alcanzar el poder y transformar a la nación. No se trata de desplazar a un “hegemon” para colocar otro se trata de que los partidos opositores verdaderamente se unan y en estas circunstancias especiales que vive el país desistan de mirarse los unos a los otros con recelo y una rivalidad a veces fratricida injustificada.