Originalmente publicado para Correo del Orinoco en Mayo 2017 https://reddeapoyo.org.ve/desarme-necesario/

¿Por qué inician los gobiernos los procesos de desarme? Pareciera una pregunta con una respuesta, evidente, sin embargo, no siempre se responda fácilmente. El desarme de la población en general o de grupos irregulares suelen asociarse con una disminución de crimen y violencia, procesos generalmente asociados ¿Es efectivo el desarme como estrategia para disminuir el crimen y la violencia? La respuesta es, a mi entender, mixta.

Criminalidad y violencia

Las armas de fuego son al igual que las motos –generalmente de bajo cilindraje- simplemente medios para cometer un crimen o para materializar conductas violentas sin ser enteramente su causa. Las causas del crimen suelen ser una compleja combinación entre falta de oportunidades económicas por parte de un grupo marginado de la sociedad, ausencia de un guardián capaz (vigilancia de los organismos de seguridad), un sistema de justicia corrupto y/o ineficiente, la normalización de esas actividades por parte de la sociedad, deficiencias en el sistema penitenciario y generalmente, muy pocas probabilidades de ser condenado. Estos son algunos factores que no pretenden ser ni exhaustivos ni excluyentes pero que la literatura, el sentido común y los gobiernos exponen continuamente.

Muchos de los factores son institucionales, mientras que otros se acercan más a factores sociales e incluso políticos. Esto no necesariamente es así en cuanto a violencia se refiere. Una gran cantidad de crímenes involucran violencia, pero la violencia se manifiesta también en la manera en que interactuamos en una sociedad, nuestra actitud frente a terceros, a lo que ocurre en nuestro entorno y como afrontamos distintas situaciones. ¿Por qué hay tantos casos en donde, una vez cometido el crimen (robo, secuestro, extorsión) las y los victimarios utilizan la violencia sin razón aparente?

No hay progresividad ni proporcionalidad en el uso de la violencia. Ejemplos sobran de cómo situaciones en donde un conductor le reclama a otro alguna infracción o un vecino reclama por el volumen de la música terminan, sin siquiera pasar por discusión o gritos, directamente en una amenaza, la aparición de una 9mm o el uso directo de violencia. A diferencia de lo comentado en cuanto a la criminalidad, la violencia tiene raíces mucho más sociales, políticas y culturales.

Tanto criminalidad como violencia toman una magnitud mucho más preocupante cuando la población esta armada. Sin embargo, ¿se logran solucionar ambos problemas con leyes e iniciativas de desarme?

La violencia y la criminalidad requieren un enfoque amplio y multi-dimensional.  Incluso las mejores iniciativas y legislaciones sobre desarme fallarían si las instituciones encargadas de implementarlas no funcionan o si el Estado avanza solo en cuanto a su sistema penitenciario y no de justicia, por ejemplo. En otras palabras, es como si estuviéramos manejando un equipo de béisbol y nos dan guantes y bates nuevos pero nuestros jugadores siguen fuera de forma y sin entrenar. El desarme es una condición necesaria, pero jamás suficiente. Tampoco es efectivo en cualquier momento y puede llevar a grandes desilusiones o mayor debilitamiento del propio Estado si no se lleva a cabo de manera adecuada.

Aprender para emprender

Como vaya viniendo, vamos viendo, Dios proveerá, ahí vemos cómo resolver son expresiones que forman parte innegable de nuestra cultura e identidad y que muchas veces se trasladan a nuestras políticas públicas o maneras de resolver problemas complejos que requieren atención inmediata. En materia de seguridad, aun cuando se requiere de flexibilidad y agilidad para llevar a cabo la difícil tarea de proteger a la ciudadanía, se requiere de muchísimo conocimiento, planificación y meticulosidad. Al igual que un doctor cuando trata una enfermedad, en materia de seguridad se debe saber resolver, pero no se debe depender solo de ello, hay que estudiar y preparar.

Antes de emprender cualquier proceso de desarme, se debe tener un diagnóstico y conocimiento profundo de nuestro sistema integral de seguridad. Más allá de la experiencia y las opiniones profesionales, la sistematización de la información del crimen y sus distintos elementos es necesaria para el diseño de políticas de desarme exitosas. Por ejemplo, para que exista un desarme efectivo, sea necesario revisar varias leyes y situaciones en simultáneo. ¿Cómo se está llevando el registro de armas? ¿Qué organizaciones criminales manejan el negocio y como se financia? ¿Ha permeado la corrupción en los organismos del estado, especialmente los departamentos a cargo de los parques de armas? ¿Tenemos un tratado de cooperación efectivo con países vecinos para armas incautadas de nuestros nacionales en el extranjero? ¿Se penaliza más cuándo hay un arma de fuego involucrada?

Académicos, profesionales y comunidad deben trabajar conjuntamente para probar premisas y levantar información que permitan acciones informadas y no tan solo intuición. El desarme debe atacarse en conjunto con temas de violencia y criminalidad. Leyes y enfoques complementarios aumentan la probabilidad de éxito. Por ejemplo, mejorar la legislación o procesos de anulación o inutilización de celulares (equipo y líneas) mientras que en simultáneo se verifiquen más rigurosamente el porte de armas en lugares de mayor robo de celulares. En conjunto, pudiesen tener mucho más impacto al disminuir el incentivo del robo y hacerlo más difícil.

Es muy tentador confundir correlación con causalidad. No porque el gallo canta todas las mañanas hace que salga el sol, aunque pareciese así. En seguridad, es fundamental entender qué políticas causan que disminuya la violencia y la criminalidad. Las armas son un canal, pero… ¿son la causa? Quizá sí, quizá parcialmente. En todo caso, es necesario primero aprender para poder emprender.

Artículo de opinión por Santiago Rosas en Correo del Orinoco

 

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